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martes, 21 de septiembre de 2010

¿Luchar o esperar? Todos nos hacemos esa pregunta, algunos más que otros, pero a todos nos gustaría saber qué hacer cuando lo cierto es, que por más que elijamos y apostemos a uno de los dos, siempre nos queda la duda de si es lo correcto. Si luchas, podés salir destruido, sin armas ni fuerzas; si esperás, podés perderlo todo: el tiempo, tu tiempo, tu vida, y hasta por lo que esperabas; claro, que si luchás, también podés llegar a perderlo.
¿Qué es peor?, ¿luchar y perder, o esperar y no conseguir nada?. Si luchás y perdés, si perseguís un objetivo y ponés todas tus fuerzas, armas y esperanzas para lograrlo, y al final no alcanza, ¿no vas a sentirte impotente, incapaz, y hasta a veces lleno de rencor? ¿ no vas a sentir que nada vale la pena, que al final era mejor simplemente esperar a que posiblemente pasara lo esperado, sin esfuerzo alguno? Y si esperás y no conseguís nada, ¿no vas a sentirte inútil? ¿no te va a llenar de dudas el qué hubiese pasado si hubieses luchado por ese objetivo, si te hubieses arriesgado a pasar sobre todo para lograrlo? Todo es contradictorio. Todo nos puede llevar a sentirnos vacíos, desahuciados, impotentes, incapaces. Pero hoy, yo elijo luchar; elijo dejar todo lo que pueda dejar, arriesgándome a la nada por el todo, o al todo por lo mismo. Elijo buscar y perseguir mis objetivos aunque me quede sin armas, aunque me quede sin fuerzas; sacar de mi todo y apostarlo hasta quedarme vacía, intentar ser y lograr lo que quiero. Hoy yo elijo dejar de lado la espera, dejar de lado soñar y esperar, y soñar y jugarme mis sueños. Por favor, acompañame.